¿LA DIETA MÁGICA? CLARO... ¿POR QUÉ NO?

Es muy interesante ver como nutricionista y como mujer (al ser un poco más observadoras) como los pacientes se acercan a mí en a mi consulta buscando la dieta mágica, la dieta que les devuelva esa figura; esa que los años en algunos casos o el sedentarismo en otros, se ha robado y que todos desean ver al espejo. Esa dieta que les permita usar la ropa de “moda” y asistir a la parrillada en casa de un  amigo o a la celebración del “cumple” de un compañero de trabajo.

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Me gusta hablar con mis pacientes y establecer esa confianza donde puedo hacerle ver que ir al nutricionista no debe ser sólo por  una figura robada o por no poder usar la ropa de “moda” para asistir a los eventos sociales. Debe ser por una cuestión de salud y estilo de vida como muchas personas  hoy en día lo hacen y que como efectos secundarios van a ganar muchos años de vida saludable y claro está, el poder mirarse al espejo y ver ese algo que realmente esperan ver, que no es otra cosa más que cuerpos sanos y con mucha más energía.

¿Qué si existe la dieta mágica? Se preguntarán ustedes. Claro que sí y contrario a lo que muchos pensarían no es comer como “conejo” como un paciente me dijo en una ocasión;  o hacer la dieta del agua, la del limón o la manzana, tan famosas años atrás aun que no precisamente por su efectividad.

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La dieta mágica existe, como le he explicado a todos mis pacientes,  va de la mano con la guía un nutricionista y consiste en una serie de cambios en nuestra rutina diaria, cambios progresivos  y con determinación, cambios pequeños que nos lleven a cambios grandes, positivos y saludables.

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En mis años como nutricionista he logrado ayudar a muchas personas gracias a esta dieta mágica, pero principalmente gracias a la determinación de estos mismos pacientes que deciden hacer las cosas diferentes para mejorar su salud. Por ejemplo aumentar la ingesta de agua al día, de nada a 2 litros diarios, cambiar el tipo de preparación de sus alimentos de muy grasosos o fritos a preparaciones al vapor, al horno o a la plancha.

 

Aumentar el consumo de frutas y vegetales y disminuir el consumo de sal y de azúcar, incluir alimentos integrales en lugar de refinados y por último comenzar a realizar actividad física al menos de 30 a 60 minutos diarios.

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Con estos cambios pequeños y sencillos he podido ver los primeros pasos de una gran carrera por una vida saludable la cual al final no solo satisface al paciente si no que, a mi en lo personal, me hace sentir satisfecha de ver como estas personas se dejan ayudar y me dejan hacer lo que más me gusta.

 

El educar, guiar, asesorar o como lo quieran llamar a mis pacientes, pero al final estar ahí todos ellos, brindándoles todo mi apoyo como persona y mi conocimiento como nutricionista.

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